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| Curiosity, la mayor de las misiones que alguna vez han aterrizado en otro planeta |
Este 6 de agosto, a las 7:31 de la mañana, la NASA depositará cuidadosamente sobre la superficie del planeta Marte al nuevo vehículo explorador todo terreno, que pesa alrededor de 900 kilogramos, denominado Curiosity (Curiosidad, en español). Lo posará sobre sus ruedas y entonces estará listo para empezar a andar. Esto es todo un reto ya que llegará rugiendo a través de la atmósfera marciana a una velocidad cercana a los 21.000 kilómetros por hora.
Durante su espectacular llegada, el módulo destinado a posar al explorador sobre Marte deberá disminuir su velocidad hasta 2,4 kilómetros por hora con el fin de llegar a su destino de manera segura.
"El proceso entero dura siete minutos, desde la entrada a la atmósfera hasta que el vehículo explorador se posa sobre la superficie", dice Steven Sell, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, en idioma inglés), de la NASA, quien se encuentra a cargo de dirigir las operaciones de Entrada, Descenso y Aterrizaje. "La computadora a bordo del explorador es la que toma las decisiones. Y, si una sola maniobra falla, se acaba todo".
Se necesitan 14 minutos para que las señales viajen desde Marte hasta la Tierra. Para cuando el equipo reciba la señal de: "estoy entrando a la atmósfera", Curiosity ya estará vivo o muerto sobre la superficie.
Marte es extraño si se echa un vistazo a su mapa global. Lejos han quedado los tiempos en los que el astrónomo italiano Giovani Schiaparelli creyó ver canales allí, el fruto de una civilización inteligente. Lo cierto es que la mayor parte de su hemisferio sur está agujereado por cráteres de impactos colosales, hecho de una tierra rugosa y accidentada, de una forma que nos recuerda a la Luna.
Sin embargo, en su hemisferio norte la superficie es lisa, tan extraordinaria que es muy fácil imaginarla como el lecho ahora seco de un océano. Los expertos especulan que hace quizá muchos millones de años, el hemisferio norte de Marte estuvo sepultado bajo un mar de noventa metros de profundidad, lo que habría borrado los impactos de los meteoritos.
Curiosity (bautizada también como Mars Science Laboratory o MSL) aterrizará precisamente en un lugar relativamente cercano a esa costa marina, el cráter Gale, en la frontera entre las tierras lisas del norte y el rugoso sur.
Es un sitio intrigante. Aunque en medio del cráter se alza una montaña de cinco kilómetros, el anillo que la rodea no es sino una depresión profunda. El lugar está formado por capas de sedimentos presumiblemente depositados por el agua. Si los expertos tienen éxito, conducirán el rover mediante control remoto a través de un terreno de capas que, en palabras de Grotzinger, serían como los capítulos de un libro desconocido sobre la geología marciana.
“Si comienzas por la parte baja de la montaña, lo haces sobre los sedimentos más antiguos, mientras que las capas que están en la cima serían los capítulos más jóvenes”. El rover entrará posteriormente en un cañón plagado de rocas que se formaron presumiblemente por la acción del agua y las someterá a su análisis. Será una conducción lenta. El artefacto tardará bastantes semanas, puede que meses, en llegar hasta aquí. La misión podría durar dos años. Si hay suerte y conserva energías suficientes, Curiosity podría explorar un terreno aún más rugoso y extraño que se abre después de ese cañón.
Es como un laboratorio con ruedas: el equivalente a mandar allí un geólogo humano, solo que armado con un instrumental formidable. Este geólogo muestra un aspecto mucho más marciano: posee diecisiete ojos, dos cerebros y un cuello muy largo. Contemplará el mundo desde una altura superior a los dos metros. Con su mirada láser será capaz de vaporizar una minúscula muestra de roca a siete metros de distancia, determinar si se trata de una roca volcánica o sedimentaria, y analizar de qué está hecha.
En sus tripas, el explorador llevará una decena de instrumentos científicos. Espectrógrafos para determinar los tipos de minerales, instrumentos de difracción de rayos X, aparatos para identificar residuos orgánicos. Lleva una estación ambiental diseñada por científicos españoles del Centro de Astrobiología del INTA para medir la temperatura del aire, suelo, presión y humedad, y radiación ultravioleta. Extenderá un brazo robótico hasta 1,7 metros, con una mano provista de un taladro, un cepillo, bandejas para muestras, y una cámara de alta resolución para fotografiar lo que encuentre entre dos centímetros y el infinito.
Los usuarios que deseen seguir la histórica llegada del vehículo al planeta rojo lo podrán hacer en directo aquí:
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